En la espera de la canonización …

SU EMOCIÓN
«En Milán fui espectador de una escena que me dejó una profunda tristeza en el alma. Al pasar por la estación, vi el amplio vestíbulo invadido por trescientos o cuatrocientos individuos mal vestidos. Eran emigrantes … Me fui conmovido.»«.
En la vida de G.B. Scalabrini, muchas de sus decisiones tienen su origen en un encuentro. En particular, ante el drama de las personas que se ven obligadas a abandonar su país en busca de una vida más digna, no permanece indiferente sino que se deja conmover por el dolor de los demás. Su testimonio es precioso para nosotros, hombres y mujeres de hoy, que tan fácilmente corremos el riesgo de ser infectados por la «cultura de la indiferencia».

SU INCANSABLE ACCIÓN
«Ante una situación lamentable, me he preguntado a menudo: ¿cómo puedo remediarlo?»
La emoción de G.B. Scalabrini no es un sentimiento estéril, una emoción fin a sí misma: genera en él una acción incansable que le lleva a intervenir en múltiples contextos haciéndose «todo para todos». En particular, Scalabrini comienza a seguir las vicisitudes de los migrantes documentándose, estudiando y sensibilizando. Llamó a los obispos, a los sacerdotes, a los laicos, a la Santa Sede, al gobierno y a todas las personas de buena voluntad a colaborar, porque «la caridad… no conoce partidos«.
Más de un siglo después de su muerte, su legado sigue dando frutos y hoy hay miles de misioneros, misioneras y voluntarios scalabrinianos en todo el mundo que siguen sus pasos y sirven a los últimos de esta tierra, los migrantes y los refugiados.

SU PASIÓN POR TRANSMITIR LA FE
«Trabajar, esforzarse, sacrificarse en todos los sentidos para expandir el Reino de Dios aquí abajo y salvar almas; ponerse, por así decirlo, de rodillas ante el mundo para implorar como una gracia el permiso para hacerle el bien…».
Scalabrini es recordado como un obispo dispuesto a ofrecer la atención de su cuidado pastoral en cualquier situación sin medida. Intuyó la importancia de la educación religiosa, especialmente de los más pequeños: escribió “Il Piccolo catechismo per gli asili d’infanzia” [El pequeño catecismo para los jardines de infancia] y en 1876 inauguró la revista mensual “Il Catechista Cattolico” [El Catequista Católico]. Tres años después del inicio de su episcopado, había 4.000 nuevos catequistas en la diócesis. Asimismo, provocado por las noticias que recibía sobre las dificultades de los emigrantes, sintió la necesidad de apoyar su fe enviando misioneros como compañeros de viaje. Su pasión sigue viva hoy en sus misioneros, miembros de los tres institutos de la Familia Scalabriniana, así como en muchos colaboradores.

UNA VISIÓN PROFÉTICA DE LA EMIGRACIÓN
«…y, más que nadie, el hombre emigra, ahora en forma colectiva, ahora en forma aislada, pero siempre como instrumento de esa Providencia que preside los destinos humanos y los guía, incluso a través de las catástrofes, hacia la meta, que es la perfección del hombre en la tierra y la gloria de Dios en el cielo».
El plan de Dios para la humanidad pasa por los acontecimientos de la historia, dándoles un sentido, una nueva dirección. Mirando la realidad con los ojos de la fe, Scalabrini vislumbra esta posibilidad: incluso la realidad de la migración, con todos los trastornos que conlleva, puede convertirse en espacio de encuentro entre la acción de Dios y la respuesta del hombre. A través de la migración, que une a pueblos diferentes, podemos aprender a reconocer que todos pertenecemos a la única familia humana.
Mantente al día…
Los tres Institutos Scalabrinianos han organizado eventos e iniciativas en el marco del Año Scalabriniano, que comenzó el 7 de noviembre de 2021 para conmemorar los 25 años de la beatificación de Juan Bautista Scalabrini. Estos acontecimientos han adquirido ahora más importancia y aparecen como momentos de preparación para la canonización. A continuación se recuerdan algunos de estos acontecimientos. Se planificarán otras iniciativas y las comunicaremos lo antes posible.
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