Misioneras Scalabrinianas en Mozambique, presencia de esperanza para los que sufren

Suore Missionarie

Suore Missionarie

Respondiendo al  llamado del Señor y al envío de la Congregación, dijimos SÍ y salimos en misión, «Siendo Migrantes con Migrantes», misioneras en el Proyecto de Servicio Itinerante para SER Y ESTAR con las miles de personas, niños, jóvenes, adultos, ancianos, en la Provincia de Cabo Delgado en Mozambique. Aquí más de un millón de personas se han visto obligadas a desplazarse dentro de su propio país o a países vecinos, debido a los atentados terroristas que comenzaron en octubre de 2017 en algunos distritos del norte de Cabo Delgado y que se han ido intensificando, provocando desplazamientos masivos, miles de pérdidas de vidas, destrucción de viviendas, residencias e infraestructuras, abandono de cultivos. La gente se ve obligada a dejar todo lo que tenía, sin tiempo para elegir, el imperativo del momento es: «huir o morir».

Fue en esta compleja situación de guerra e inestabilidad del país que nosotras, las hermanas Rosa Maria Zanchin, Erivalda de Lima Miranda y Marinês Biasibetti, realizamos nuestra misión en el Servicio Itinerante durante 6 meses, de octubre de 2021 a marzo de 2022, en el Distrito de Chiúre. Allí vivimos nuestra misión en seis de los nueve reasentamientos que el municipio ha puesto a disposición para acoger e integrar a los más de 50.000 desplazados que luchan por empezar de nuevo la vida en un espacio que no eligieron; pero gracias a Dios y a la buena voluntad de muchos, poco a poco la vida va cobrando un nuevo sentido. Aunque la guerra comenzó hace casi 5 años, en este distrito la mayoría llegó en los dos últimos años, que coincidieron con el pico de la pandemia de COVID-19, lo que retrasó la concesión de visados para las hermanas destinadas a esta misión.

Sin embargo, nuestra presencia Scalabriniana ha sido y sigue siendo una bendición en este contexto de vulnerabilidad y sufrimiento, de resiliencia y de esperanza, donde el tiempo no quiere borrar los traumas y las marcas de todo lo que han visto, oído y vivido, ya que se trata de familias que han perdido a sus seres queridos asesinados o desaparecidos. Para la mayoría de ellos, la vida nunca volverá a ser la misma. Predomina la nostalgia por el pasado, por la convivencia con la comunidad de los pueblos de origen, por sus costumbres y valores, en los que la propia comunidad se convertía en una familia extensa. Por otro lado, las necesidades insatisfechas del presente, la inseguridad y el miedo al futuro dejan heridas abiertas en el sufrimiento permanente, ya que los lugares que las estructuras gubernamentales han apartado para comenzar una nueva historia son también comunidades desfavorecidas y viven en situaciones precarias, donde falta casi todo, comida, ropa, vivienda digna, atención sanitaria, en definitiva, los servicios sociales imprescindibles para la integridad física, religiosa, moral y psicológica. «Han huido de un destino insoportable para acabar en lugares precarios. Sí, se vieron obligados a cambiar las características que los definían. La guerra y los desplazamientos de población también han obligado a las comunidades de acogida a cambiar su ritmo de vida, en una nueva cohesión social al compartir los servicios sociales y otras infraestructuras básicas necesarias para el bienestar integral.

Nosotras, las Hermanas Scalabrinianas, deseamos expresar nuestra gratitud por nuestra experiencia de 6 meses en esta bendita tierra de Chiúre, que alberga un pueblo acogedor y solidario. De manera particular compartimos nuestra misión en los reasentamientos, junto con las Hermanas de la Congregación de María Auxiliadora (Hermanas Salesianas), con jóvenes activistas y con el apoyo de los Sacerdotes de la Parroquia de Santa Isabel, del Obispo de Pemba Mons. Vimos, escuchamos y compartimos historias de dolor y de superación. Las palabras nos faltan para contarlas, pero en nuestros corazones se guardan como recuerdos inolvidables que dieron más sentido a nuestro ser consagradas y, al mismo tiempo, ayudaron a nuestros hermanos a olvidar sus sufrimientos y a recuperar nuevas perspectivas de vida.

Las Hermanas llegaron para sumar, ya que en el campo ya había algunas organizaciones humanitarias que realizaban su trabajo en diferentes áreas. Nuestras actividades priorizaron el acompañamiento psicosocial a través de la escucha, el intercambio y las dinámicas específicas de superación; la creación de grupos de convivencia, respetando el género y el grupo de edad; el acompañamiento espiritual y pastoral; la orientación y distribución sobre medicina alternativa; las actividades con los niños; las clases de alfabetización para adultos y las tutorías para niños; el apoyo económico para el desarrollo de pequeños negocios de auto sostenimiento; la promoción del autoapoyo como corte y confección, artesanía, tejido, cocina; las visitas a domicilio, entre otras iniciativas.